Mar 28 2008
(Otra vez) Cacerolazos

Otra vez fue un discurso presidencial lo que prendió la mecha para que explote una ola de cacerolazos “espontáneos”.Se repite la historia 6 años después y, como dijo Marx, los hechos en la historia se presentan dos veces: la primera como tragedia y la segunda como farsa.
El 19 de Diciembre de 2001, Fernando De la Rúa imponía el estado de sitio y miles de porteños salían a la calle con sus cacerolas a reclamar. Algunos por el corralito, otros por la injustica, otros por la corrupción, otros porque no tenían trabajo, otros porque eran oposición, otros porque tenían intereses en los que podían reemplazar a De la Rúa. No importaban las diferencias, importaba un objetivo común: nadie quería a “Chupete” en el poder.
El cacerolazo de 2001 sirvió para barrer de la cancha al gobierno de la Alianza. Y unos días después, con otro presidente, dejaron de salir los de la oposición (ahora oficialistas) y los que se asustaron con la violencia. Pero se sumaron las agrupaciones de izquierda y los movimientos piqueteros.
Y voló Rodriguez Saa, y llegó Duhalde. Menos gente salió, y de repente ejércitos bonaerenses en “tanques naranjas” llegaron al Congreso para pelearse con los que se dignaran a cuestionar al nuevo caudillo. Menos gente en la calle: algunos ya habían sacado sus depósitos atrapados en el corralito, otros se tomaron unos días de vacaciones y más gente se asustó con la violencia. Y había canales de TV que ya no transmitían los cacerolazos en vivo.
El “Que se vayan todos” se fue diluyendo y quedó en manos de los partidos de izquierda, organizaciones sociales y la gente que un mes atrás se colgaba de los árboles en Plaza de Mayo y cantaba el himno envuelta en una bandera, ahora se quedaba en su casa. Y cuando empezó Marzo, ya nadie se acordó de la corrupción, de la injusticia, de los ñoquis, de los negociados, de los favores políticos y de los pobres. De nuevo cada uno estaba haciendo la suya.
Por esos días y con 18 años, me creí que se estaban viviendo tiempos históricos, tiempos de cambio. Que la sociedad Argentina había aprendido: Ya no nos íbamos a dejar engañar de nuevo por un peronismo populista y corrupto, ni por un radicalismo inútil e ineficiente. Ahora habíamos entendido que los piqueteros eran excluídos sociales, que el sistema nos lo contenía, los había expulsado. El piquetero se ponía en el medio del camino porque la misma sociedad lo había sacado del camino: “Mirame que existo” era el mensaje atrás del piquete.
La clase media veía como arquitectos o ingenieros ahora revolvían basura para comer. A cualquiera le podía pasar: “Piquete y cacerola, la lucha es una sola!” cantaban miles de porteños en Plaza de Mayo. Y unos meses después la muerte de los piqueteros Kosteki y Santillán en manos de la policía hizo reaccionar a la gente otra vez: Miles de personas a la plaza a reclamar al gobierno, que respondió adelantando las elecciones.
Aprendimos, ya está. Ahora vamos a tener la posibilidad de sacar a todos estos corruptos. En Abril del 2003 vamos a poder ir a votar por candidatos nuevos, por otra cosa, QUE SE VAYAN TODOS LOS CORRUPTOS!.
Carlos Menem con el 24% de los votos y Nestor Kirchner con el 22%, fueron los primeros dos puestos.
Con 19 años entendí la cara con la que me miraba mi viejo cuando agarraba la cacerola y salía para la Plaza de Mayo. Ese día de Abril entendí que la sociedad argentina es individualista y que la clase media es fascista. Que los medios, los líderes de opinión y las organizaciones sociales y partidarias hacen su propio juego.
Y ese día entendí que a la Argentina le falta demasiado para madurar, para aprender.
Seis años después, se escuchan las cacerolas de nuevo. Y otra vez se juntan todos: los productores ahogados con las retenciones, los productores que quieren seguir ganando los márgenes que hoy obtienen, los que están hartos de que este gobierno les mienta en la cara, los que no quieren un INDEC intervenido, los que quieren una justicia independiente, los que no quieren más Micelis ni Antoninis, los que quieren abrirse al mundo y no aliarse con Venezuela, las víctimas de la crisis vial. Y está la oposición, y los medios, y los grupos empresarios, y las agrupaciones sociales.
Pero esta vez no salgo. Y no porque esté de acuerdo con el gobierno (de hecho no lo estoy), sino porque entendí que nos importa el de al lado sólo cuando nos conviene. Y es que si dentro de una semana baja el porcentaje de retenciones, todos los que salimos a apoyar al campo nos vamos a quedar sólos en la esquina con la cacerola medio aboyada esperando que ahora vayamos a reclamar por la corrupción y la falta de justicia. Pero para ese momento, seguramente el campo ya arregló con el gobierno y saldrá el vocero que corresponda alabando a los funcionarios “por la comprensión de la situación” y apoyando a la gestión de turno.
Desconozco si el campo tiene o no razón. A primera vista, no parece ser justo que un empresario deba pagar más sólo porque gana más. Y más si esas retenciones sirven para financiar un estado con un gasto público que está en las nubes.
Llevar la discusión a “esta gente de Barrio Norte que sale con su mucama a cacerolear” me parece que atrasa unos 30 años.
Por el bien de nuestro país, ojalá que la situación se resuelva. Y que aprendamos que si seguimos votando a los mismos, nada va a cambiar. Ya lo dijo Einstein: “Si buscás diferentes resultados, no hagas siempre lo mismo”.




Hace algunos meses que dejé de ver televisión de forma tradicional: más específicamente di de baja la TV por cable porque no había nada que me interesara particularmente.
Si bien creo en general que las reglas que funcionaron para uno no necesariamente funcionan para otro (y menos en el mundo de los negocios), rescato algunas de estas 8 lecciones que da
Soy de los que piensan que el último gran capítulo de
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